Desde una ventana al atardecer.

Cèzanne, Matisse …

Los tonos pasteles, matices de colores que tan bien supieron plasmar en sus lienzos, pintores que vieron el dulzor de los cielos incluso mas allá de estos, en damiselas y callejuelas donde inpregnadas por la belleza conmovieron al mundo entero. La vida nos regala encanto, si sabemos mirar y contemplar por unos instantes, como muy bien describe y alaba Stephan Zwueg, como la naturaleza es la mayor e inmensa obra de belleza del mundo en un relato entre otros, que compone la obra en que habla de los acontecimientos del mundo que marcaron la historia, con una indescriptible maestría impregnado de un sutil lenguaje que fascina. Lujo al alcance de la mano, al alcance de la vista, nuestro ser por unos instantes, es como si se elevara por encima ďe los confines, de nuestro alrededor y se instalara aunque fuera brevemente en un ego maltrecho de sinsabores y esperanzas no cumplidas o confusas interpretaciones de una realidad que se nos antoja mas sórdida de lo que pudiera ser o prende en espíritu jóven con la ilusión de adentrarse en un conocimiento de una materia que le resulta suyugante. O en aquel, que no tiene nada, tan solo la calle y el cielo. Quién sabe.

” Pinceladas “

Pinceladas de nubes en el aire,

Camelias dulces en la cara,

Caricias en el pelo,

Brisa calmada y callada.

Camina la tarde airosa y extensa,

A lo largo, por valles y praderas.

Un rumor de pajaros se escucha,

Mientras se regocija la mirada,

En la quietud del árbol que espera,

Paciencia en su compostura nos enseña,

Volver a la vida primera,

Libre de artificio, sin pesadumbre ni duda,

Sin dilaciones, ser uno con ella.